




Santiago de Veraguas (Panamá). En plena era de la globalización, la historia de Coiba, Santa Catalina y, en general, la costa pacífica de la región de Veraguas en Panamá, no es muy distinta a la que puede contarse de muchas otras zonas del mundo. Pero no por eso hay que dejar de contarla. Sobre todo porque se habla mucho de la globalización, pero pocas veces se tienen evidencias concretas de los cambios que este proceso provoca en las regiones y poblaciones más remotas de la tierra. Los académicos de hoy se enfrascan en innumerables discusiones abstractas para describir qué es la globalización, pero lo que acontece en estos momentos en pueblos como Santa Catalina es un ejemplo empírico perfecto de cómo en la sociedad del S.XXI chocan, se confunden, se entrelazan y, a veces, se solapan los ámbitos de lo global y lo local.
En este mundo no se puede decir que algo es categóricamente bueno o malo. Pese a que en estos días abundan las percepciones maniqueas, nada es perfectamente blanco o negro. Un proceso socio-económico tan complejo como la globalización no se puede clasificar de forma tajante como favorable o desfavorable. La globalización tiene sus lados positivos y sus lados negativos, y eso se aprecia al llegar a la costa pacífica de Veraguas, en Panamá. Una de las regiones del mundo más ricas en fauna y flora. La isla de Coiba se considera uno de los últimos paraísos ecológicos de la tierra. Por ser durante décadas una isla-prisión de difícil acceso, Coiba presenta aún hoy una selva impenetrable para el ser humano, unas playas blancas de agua cristalina sin parangón y un parque marino fantástico, con peces y corales de todo tipo, tiburones, delfines, tortugas marinas y hasta ballenas.
Pero, Veraguas no es sólo la isla de Coiba. Santa Catalina, un pueblo remoto de la costa, cuyos habitantes son indios-negros costeños amables y puros, alberga una de las olas de surf más famosas del mundo, comparada con playa Sunset Beach en Hawai. Bahía Honda, una ensenada de ensueño, con una pequeña isla en el medio, ofrece aguas mansas y claras ideales para el relajo y el buceo. Hicaco, un pueblo cerca de Santa Catalina, brinda un ecosistema variado y, en sus quebradas, hasta el mismo día de hoy, se pueden encontrar pepitas de oro. Sin menospreciar, claro está, las islas de Cébaco, Gobernadora, Leones y Brincanco y playas como El Banco y Cimarrones. Veraguas es además la única provincia de Panamá que da a los dos océanos y su historia está llena de anécdotas, ya que Colón llegó allí en su cuarto viaje. La ciudad de Santa Fe, en el interior de la región, fue el primer centro de catequización de la época colonial y, en sus montañas, el jefe indio Urracá resistió durante décadas las acometidas de los conquistadores españoles, ávidos por llegar cuanto antes a las minas de oro de la zona.
En este mundo no se puede decir que algo es categóricamente bueno o malo. Pese a que en estos días abundan las percepciones maniqueas, nada es perfectamente blanco o negro. Un proceso socio-económico tan complejo como la globalización no se puede clasificar de forma tajante como favorable o desfavorable. La globalización tiene sus lados positivos y sus lados negativos, y eso se aprecia al llegar a la costa pacífica de Veraguas, en Panamá. Una de las regiones del mundo más ricas en fauna y flora. La isla de Coiba se considera uno de los últimos paraísos ecológicos de la tierra. Por ser durante décadas una isla-prisión de difícil acceso, Coiba presenta aún hoy una selva impenetrable para el ser humano, unas playas blancas de agua cristalina sin parangón y un parque marino fantástico, con peces y corales de todo tipo, tiburones, delfines, tortugas marinas y hasta ballenas.
Pero, Veraguas no es sólo la isla de Coiba. Santa Catalina, un pueblo remoto de la costa, cuyos habitantes son indios-negros costeños amables y puros, alberga una de las olas de surf más famosas del mundo, comparada con playa Sunset Beach en Hawai. Bahía Honda, una ensenada de ensueño, con una pequeña isla en el medio, ofrece aguas mansas y claras ideales para el relajo y el buceo. Hicaco, un pueblo cerca de Santa Catalina, brinda un ecosistema variado y, en sus quebradas, hasta el mismo día de hoy, se pueden encontrar pepitas de oro. Sin menospreciar, claro está, las islas de Cébaco, Gobernadora, Leones y Brincanco y playas como El Banco y Cimarrones. Veraguas es además la única provincia de Panamá que da a los dos océanos y su historia está llena de anécdotas, ya que Colón llegó allí en su cuarto viaje. La ciudad de Santa Fe, en el interior de la región, fue el primer centro de catequización de la época colonial y, en sus montañas, el jefe indio Urracá resistió durante décadas las acometidas de los conquistadores españoles, ávidos por llegar cuanto antes a las minas de oro de la zona.